Ayer escuché tu risa. Una risa verdadera, feliz y sincera, de las que ya no se escuchan hoy en día. Era una risa que parecía música. La atmosfera vibró en ese momento, te lo juro.
Tal vez no te acuerdes, pero mientras te reías, me miraste. Y entonces yo también empecé a reír, pero mucho más bajo y suave para no entorpecer el hermoso sonido que salía de tus labios. Me reía ante lo hermoso que te veías con aquella sonrisa en tu rostro. No solo sonreías con tus labios, sino que tus ojos, alma y ser, sonreían con ellos.
No quería dejar de escucharte. Era música para mis oídos. O simplemente te reías porque querías verme otra vez perdida en tu mirada y con los ojos acariciando tus labios, de los que no paraban de brotar lindos piropos hacia mi.
Nunca te había visto reír de esa manera. No en serio, no sinceramente. Y ahora te reías, te reías tanto que tus ojos color dulce de leche se habían llenado de lágrimas. Inmortalicé tu imagen en mi mente, porque no quería olvidarla nunca. Tus ojos,tus hoyuelos, tu sonrisa candente, tus mejillas sonrojadas, tu cabello revuelto y cayendo sobre tu rostro y aquel fantástico sonido que deslumbraba el ambiente. No quiero olvidarlo. Quiero quedarme con esa imagen tuya por siempre. Te veías tan… tan feliz.
Daría lo que fuera con tal de escucharte otra vez. Con tal de que esa sonrisa, esa y no cualquiera, se pintara en tu rostro una vez más, movería el cielo y la tierra.
Pero te detuviste, dejaste de reír de a poco y suavemente, te enjuagaste los ojos, te pasaste una mano por el rebelde cabello para desordenarlo aun más, y volviste a concentrarte en otras nimiedades. Pero yo no podía dejar de verte. Lucías espectacularmente.
Estábamos muy cerca. Tan cerca que me dieron ganas de alzar la mano y acariciar tu rostro para comprobar si tu piel era realmente tan suave como parecía. Tuve ganas de recargarme contra tu pecho para escuchar el acompasado latido de tu corazón. Estuve tentada de rodearte con mis brazos para sentir el calor que emanaba tu presencia. Me moría por probar tus labios y sentirte mío.
Y aun lo hago. Porque no veo el momento en el que estemos juntos, cuando pueda acariciarte, abrazarte, escucharte, hablarte y besarte, como nunca nadie lo hizo antes. Te extraño y deseo fuertemente tenerte a mi lado.
Besisisimos


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