Anoche soñé contigo. Era un sueño tan hermoso, tan perfecto, tan tierno y tan real, que me costó mucho darme cuenta de que estaba soñando.
Tú sueles decir que tengo una imaginación muy grafica; que suelo imaginarme los detalles, los sentimientos, los gestos… todo con una veracidad que se trasmite al lector.
No sé si es verdad. De hecho, suelo reírme cuando me dices eso. Pero hoy, creo que mi subconsciente si te escuchó.
En el sueño estábamos en un ambiente tan familiar y común que no puse mucha atención en él. Estábamos en mi casa. Si, imagínate los ventanales, los cuadros, la decoración, la escalera, asi tal cual eran nuestros encuentros.
Habías tocado el timbre. Me había vestido para ti muy mini y esperaba con ansias que entraras por la puerta para sorprenderte con el mejor de mis besos y abrazos. Había un calor que era sofocante.
Te recostabas contra la puerta de madera, cruzado de brazos y al decirme hola me sorprendias con esa mirada tuya, tan peculiar. De vez en cuando me mirabas, y yo de vez en cuando te saboreaba con los ojos. En eso te me acercaste. Tu rostro era serio, tus ojos melados relampagueaban en dulzura. Me mirabas fijamente y yo te sonreía. Y entonces me preguntaste, mientras te pasabas una mano por el cabello. Yo te miraba .....
Abrías la boca para decir aquello que quemaba tus labios, seguro era algún chiste o una poesía que tanto me encantaban oír..
Nos perdíamos. Yo dejaba mis muecas y tú dejabas las tuyas. Me enfundaba en tus brazos mis brazos los apretaba contra ti; subía un escalón de aquella escalera para estar de tu tamaño. Y entonces te volvía a encontrar, junto a mí en la misma escalera.
Yo te miraba, y Tú me decías tres palabras, suaves y cortas, cuyo significado me era desconocido. Te preguntaba, entonces, si acaso estaban en latín. Y tú me decías que no, pero que era importantísimo que las entendiera.
Y yo te hacía caso. Buscaba sinónimos, palabras que se asemejaran… Ponías cara de frustración. Jajaja solo sonreía... Me mirabas fijamente, me tomabas la mano. Tu piel tibia tocaba la mía, y la calidez que surgía de ese gesto era unánime.
Me mirabas fijamente, como obligándome a perderme entre tus ojos. Y me susurrabas al oído una bella melodía. Tan perfecto no podía funcionar. Yo te miraba fijamente. Pero entonces la larga escalera mecánica que había aguantado pasivamente nuestra charla llegaba a su fin. Sin decir más, me depositabas un suave beso presionando tus labios contra mi piel y haciéndome sentir un cosquilleo en todo el cuerpo, te invitaba a subir. Y con una mano en la mejilla, la otra en el corazón y mis ojos en tu figura, disfrutaba cada minuto en la frescura de la noche.
Te extraño
Besisimos......


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